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martes, enero 16, 2018

El papel arrugado

     

     

     Contaba un predicador que, cuando era niño, su carácter impulsivo lo hacía estallar en cólera a la menor provocación. Luego de que sucedía, casi siempre se sentía avergonzado y batallaba por pedir excusas a quien había ofendido.
 Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión de ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevó al salón, le entregó una hoja de papel lisa y le dijo:
—¡Arrúgalo! El muchacho, no sin cierta sorpresa, obedeció e hizo con el papel una bolita. 
—Ahora —volvió a decirle el maestro— déjalo como estaba antes.
Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba. Por más que trataba, el papel siempre permanecía lleno de pliegues y de arrugas.
 Entonces el maestro remató diciendo:
—El corazón de las personas es como ese papel. La huella que dejas con tu ofensa será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

Así aprendió a ser más comprensivo y más paciente, recordando, cuando está a punto de estallar, el ejemplo del papel arrugado.

Extraído: internet, https://psicologia-estrategica.com

Padres


Al caminar por el sendero de la vida,
crecen los recuerdos al borde del camino.
Me acompaña a esta fiesta la alegría,
festejamos juntos nuestro destino.

Señalo el punto de partida,
del que este viajero partió hace tiempo.
Dos faros iluminaron mi vida,
acompañando el despertar del largo reto.

Vivencias y sentimientos en una mochila querida,
nostalgia bajo un velo repentino.
Inmenso calor de esa hoguera sentida,
que guardamos en nuestro corazón como pergamino.

Al caminar me giro y observo,
la larga senda recorrida.
Al caminar cierro los ojos y respiro,
el aroma de mis padres son mi inicio.

jueves, enero 11, 2018

Un amigo inesperado

    

 Hacía horas que Mariana no lograba conciliar el sueño. Aunque tenía clase en el instituto a la mañana siguiente, acabó saltando de la cama, dirigiéndose hacia el ordenador. Desde que su mejor amiga había hecho una fiesta sin invitarla, se sentía humillada y llena de rabia. Al hablarlo con ella, le había dicho que la fiesta había sido idea de Jenny, una chica de clase con la que Mariana no se hablaba.
“Para que no se produjera una situación difícil”, argumentó, “esta vez no te invité, pero ha sido una situación especial”. Mientras Mariana encendía el ordenador, un trueno hizo retumbar la ventana abierta. Al ir a cerrarla, vio una figura extraña: un joven vestido de clown esperaba en la parada del autobús nocturno.
Antes de sentarse frente al ordenador, se preguntó quién sería aquel payaso que volvía a casa de madrugada sin haberse podido cambiar. Entró en Facebook y fue directamente a su agenda de amistades. Vio que eran demasiadas. A muchas personas apenas las conocía, y otras que conocía bien no podían llamarse así.
“Tengo que hacer limpieza”, se dijo a la vez que un segundo trueno daba inicio a una fina lluvia.
Se levantó un instante para ver si el clown todavía estaba allí fuera, a la intemperie. Efectivamente, seguía de pie en la parada. Su maquillaje amenazaba con deshacerse si el bus no llegaba pronto. Turbada por esta imagen, volvió al ordenador dispuesta a limpiar su agenda de falsos amigos. Empezó bloqueando a Jenny, que, absurdamente, aún formaba parte de sus contactos. Luego se deshizo de todos aquellos a quienes no conocía personalmente.
Cuando el número de contactos quedó reducido a cincuenta, Mariana se dijo que tampoco todos ellos podían llamarse amigos. ¿Cuántos ponían “me gusta” a sus post? Siempre los mismos diez o doce. El resto era como si no existiera. Decidió eliminarlos sin piedad. Luego fue al muro de su mejor amiga. En su último post, aparecía abrazada a Jenny, bailando en la fiesta donde ella no había sido invitada.

Estaba a punto de bloquearla también cuando oyó que se desataba definivamente la tormenta. Corrió hasta la ventana para comprobar si el clown seguía allí. Al verle empapado bajo la tormenta, se olvidó por un momento de su limpieza de amigos y decidió bajar con un paraguas. Se dio cuenta, entonces, de que era muy joven, como mucho un par de años mayor que ella. Tras ofrecerle el paraguas abierto, le preguntó:

—¿Qué haces a estas horas de la noche vestido así?
—Vengo de actuar en una cena de cumpleaños –contestó el chico– y vuelvo en autobús porque me pagan muy poco. Hoy, además, en el restaurante me han robado la bolsa con la ropa para cambiarme.
Mariana sintió lástima por aquel payaso mojado.
—¿Y no te gustaría dedicarte a otra cosa? –le preguntó–. Aún estás a tiempo de estudiar otro oficio.
—No hay mejor oficio que este –dijo el payaso llevándose la mano al corazón–. Creo que quien me ha robado la ropa para hacerme una mala pasada estaba en la fiesta, pero allí también he visto a varios reír hasta llorar. Quizá han tenido un día terrible y durante un rato les he ayudado a aligerar su carga, como un amigo inesperado. –En este punto, el clown miró a la chica, dándose cuenta de que era solo una adolescente– ¿Y tú? ¿Qué haces despierta a estas horas?
—He visto que te estabas mojando y he bajado a traerte un paraguas. Eso es todo.
—Entonces eres como yo. Has bajado para ayudar a alguien que ni siquiera conoces. Por la sola satisfacción de hacerlo, sin pedir nada a cambio.
Esta frase la hizo reflexionar sobre los sentimientos negativos que había albergado los días pasados. Cuando la silueta del autobús ya se perfilaba al fondo de la avenida, Mariana le tomó de la manga y le dijo:
—Tengo algo que preguntarte... ¿Has sentido a veces que das lo mejor de ti a alguien y que luego no te corresponde?
—Cada día, forma parte de mi oficio.
—¿Y no te enfadas?
—No, porque he entendido que la generosidad no es un camino común de ida y vuelta.
—¿Qué quieres decir con eso? –le preguntó ella.
—Lo bueno que das vuelve a ti, pero no siempre por parte de las personas que reciben tus favores. Esa es la magia de dar sin esperar nada a cambio –dijo mientras el autobús ya frenaba frente a la parada–. El universo te premia a través de otros amigos, incluso a través de alguien que no te conoce.
—¿De verdad? ¿Te ha sucedido alguna vez?
El payaso besó a la chica en la frente y, antes de subir al autobús, le confesó:
—Sí, esta noche. Yo he dado lo que tenía en otra parte, y tú me has traído el paraguas. 

Extraído: Internet, autor Francesc Miralles.

viernes, noviembre 10, 2017

Inspiración


Colección de los recuerdos,
piel del reloj de arena. 
Olvido de los sueños,
puente de la conciencia plena. 

Pluma de las rasgadas letras,
vacilante ante el silencio. 
Rasgaduras sobre siluetas,
de infinitos versos del momento. 

Remo al viaje de los sentimientos,
lluvia en el jardín de la luna llena. 
Peregrino de los vientos,
en el desierto de la piedra ajena. 

Pecado en el cielo de las corrientes,
en esas páginas que frecuento. 
Guerra ganada en los frentes,
al vacío que me enfrento. 



El niño interior


En cierta ocasión, un gran y famoso profesor se dirigía andando hacia su casa después de haber impartido diversas clases. Andar le relajaba y le ayudaba a desconectar después de la concentración y el derroche de energía que implicaba todo un día dedicado a la docencia.
De las distintas rutas que podía elegir, ese día había optado por regresar a su hogar por la playa. El paisaje no conseguía distraer su atención, puesto que estaba demasiado absorto en sus engreídos pensamientos. Meditaba sobre los elogios que había recibido de los estudiantes. Rememoraba la gloria que para él había significado firmar los ejemplares de su último libro. El recuerdo de las diversas clases impartidas durante el día hacía que se sintiera orgulloso. Se felicitaba a sí mismo por lo que había hecho bien. Sí, ciertamente lo había hecho bien. Estaba orgulloso de ser bueno y de tener conciencia de ello.
Entonces hubo algo que llamó su atención. En la playa había un niño que estaba construyendo un castillo de arena. El hecho, en sí mismo, no era inusual; sin embargo, se trataba del mayor y más elaborado castillo de arena que el profesor había visto nunca.
El niño, de forma esmerada, recogía la arena con las manos y a continuación la apisonaba firmemente, aunque con delicadeza, en el lugar apropiado. Con sumo cuidado había construido torres y torretas, e incluso había colocado banderas en los parapetos. Su creación era un acto de amor.
El profesor se sentó en un banco del paseo y se puso a observar al niño. Cuando el chiquillo hubo completado su impresionante obra de arte, se tumbó a descansar en la arena y aparentemente admiró el castillo durante unos instantes.
El profesor conocía la emoción que se experimentaba en un momento así. Era exactamente el mismo sentimiento que había tenido un poco antes mientras caminaba por el paseo marítimo recordando sus logros del día.
De repente, el niño se levantó y tiró abajo el castillo, esparciendo por los alrededores toda la arena mientras observaba cómo las olas borraban cualquier vestigio de su existencia. La playa volvió a ofrecer su imagen habitual. Toda la arena quedó plana y uniforme. Era como si el castillo nunca hubiera existido.
El profesor hubiera querido gritar al niño pidiéndole que se detuviera, pero su decoro se lo impidió. ¡Qué pérdida! ¿Por qué tenía que destruir un logro así? ¿Por qué motivo un creador destrozaba su propia obra?
Deseaba preguntarle al niño por qué había actuado así, pero dudaba.
-¿Debo dirigirme a ese pequeño?, -se preguntaba a sí mismo el profesor. Se trata sólo de un niño y yo soy un gran maestro. ¿Acaso he de permitir que me vean hablando con él?.
Sin embargo, finalmente su curiosidad fue más fuerte que sus prejuicios. El profesor comenzó a andar por la arena y se dirigió al niño.
-Dime, -le interpeló, mientras permanecía de pie frente al niño, que continuaba tumbado, al tiempo que lo miraba con autoridad-, ¿por qué estás jugando con la arena?
-¿No es lo que los niños hacen?, contestó el jovencito. Los adultos me dicen que jugar es una forma de aprender, como si ello tuviera algún sentido distinto al de simplemente pasárselo bien. Hago lo que hacen los niños. Estoy jugando.» 
-Me intriga una cosa, -dijo el profesor- ¿por qué motivo has empleado tanto tiempo y esfuerzo en construir un castillo tan grande y tan bien elaborado para luego, sencillamente, derribarlo? Habías creado un castillo casi perfecto y después lo has destruido, mientras contemplabas cómo las olas borraban cualquier señal de su existencia. No queda ninguna prueba de tu obra.
-Mis padres me han hecho la misma pregunta, -confesó el niño. Mi madre ve en ello un gesto muy simbólico, pero mi madre es así. Ella opina que los distintos granos de arena se pueden equiparar a cada uno de los aspectos de la humanidad. Si se utilizan conjuntamente para construir una obra y luego se los moldea y se les da con delicadeza una determinada forma, pasan a constituir un conjunto que deviene más importante que cada una de las partes que lo componen.
Ella dice que nuestra creatividad no tiene límites cuando trabajamos en equipo. Cuando nos olvidamos de nuestras relaciones con los demás y tratamos de existir como un grano de arena aislado y solitario, nuestra creatividad se destruye, de la misma forma que yo he destruido el castillo, o como el océano, al irrumpir en la playa, arrastra y esparce los millones de partículas de arena.
-Mi padre dice que es una forma de aprender aspectos de la vida. Dice que nada es imperecedero. Los castillos de arena son un ejemplo. Se crean y se destruyen. Existen y se desvanecen. Estos castillos, como todo en la vida, son efímeros. Representan nuestro viaje por la vida. Tanto los castillos como la vida son breves y temporales.
Cuando nos damos cuenta de esto podemos empezar a disfrutar del tiempo del que disponemos. Mi padre dice que construir castillos de arena es un método que tienen los niños para aprender y entender de forma intuitiva estas importantes lecciones de nuestra existencia.
-¿Y para mí?, -prosiguió diciendo el niño. Pues para mí se trata simplemente de un juego. Tal vez ello tenga algún significado, o tal vez no. Me limito a disfrutar con lo que hago. Me gusta notar la calidez del sol sobre mi cuerpo, percibir el sonido de las olas y sentir el tacto de la arena. Sencillamente me lo paso bien.
El profesor se dio cuenta de lo mucho que podía aprender de ese pequeño. Se desabrochó sus zapatos y se los quitó. A continuación se deshizo de sus calcetines y se subió las perneras de los pantalones. Se desprendió de la corbata y se sentó junto al niño.
-¿Me puedo quedar aquí?, preguntó. También me gustaría jugar.
Jamás dejes de ser un niño. Nunca dejes de sentir, gustar, ver y extasiarte ante cosas tan grandes como el aire, el vuelo y los sonidos de la luz del sol en tu interior.

Extraído: Internet, www.shurya.com, autor: Richard Bach

lunes, octubre 23, 2017

Amanecer



Las notas frías al alba, 
con olor al café del despertar. 
Director de la más dulce calma,
páginas infinitas del pensar. 

Inicio del tiempo a descontar,
sembrando luces en cada rincón. 
Manto que te invita a recordar,
esas páginas viejas del corazón. 

Línea de inicio inmediata,
del camino a comenzar. 
Rayos bajo la escalinata,
de un día más a disfrutar. 

Aroma al inicio del aura,
mar de sentimientos en los que nadar.  
Pájaro si jaula,
que vuela hacia el naranja solar


El problema




Un ratón, observaba a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. Sintió curiosidad por lo que podría contener. Pero… ¡Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una trampa para cazar ratones!
Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!
La gallina, que estaba cacareando, levantó la cabeza y dijo: discúlpeme Sr. Ratón…Yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, no me preocupa.
El ratón se acercó al cordero: ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera!
El cordero respondió: discúlpeme Sr. Ratón, no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo, será recordado en mis oraciones.
El ratón se dirigió entonces a la vaca, pero esta le contestó: ¿Acaso estoy en peligro? Estoy segura que no.
Entonces el ratón volvió a casa, preocupado y abatido.
Aquella noche se oyó un gran escándalo, mucho movimiento y ruido.
La mujer del granjero corrió para ver qué había pasado, pero en la oscuridad, no vio que la trampa había atrapado la cola de una serpiente venenosa y al acercarse, la serpiente mordió a la mujer.
El granjero la llevó inmediatamente al hospital y después de atenderla, le dieron el alta, con la recomendación de que esa misma noche bebiera una sopa caliente.
Al llegar a casa, el granjero con su cuchillo, fue a buscar el ingrediente principal: LA GALLINA
Como la enfermedad continuaba, los amigos familiares y vecinos fueron a visitarla y claro para alimentarlos a todos, el granjero mató al: CORDERO
La mujer a pesar de los esfuerzos de su esposo, no mejoró y acabó muriendo. El granjero como necesitaba dinero para el funeral, tuvo que vender: LA VACA
Cuando escuches que alguien tiene un problema y no represente una carga a tu conciencia, recuerda esta historia. 

Extraído: Internet, https://sembrandocaminos.wordpress.com

jueves, septiembre 21, 2017

Carrera de ranitas




Érase una vez una carrera de “ranitas”. El objetivo era llegar a lo alto de una gran torre. Había en el lugar una gran multitud de espectadores… Mucha gente para apoyar y gritar por ellas. 

Comenzó la competición. Pero como los espectadores no creían que las ranitas pudieran alcanzar lo alto de una torre, lo que más se oía era: “¡Qué pena! Esas ranitas no lo van a lograr, no van a poder…” Y las ranitas comenzaron a desistir. Pero había una que persistía y continuaba la subida en busca del logro. La multitud continuaba gritando”¡qué pena, no lo van a lograr, no lo van a conseguir…!” Y las ranitas estaban desistiendo una por una, menos aquella que continuaba tranquila, cada vez más segura. Y al final de la carrera, todas desistieron, menos ella… La curiosidad se apoderó de todos; querían saber lo que había ocurrido. Y cuando fueron a preguntarle cómo lo había conseguido, cómo logró hacer la prueba, fue cuando descubrieron que era SORDA. 

No permitas que personas con el mal hábito de ser negativas derrumben tus mejores y más sabias esperanzas de tu corazón. 

Recuerda siempre: Hay poder en nuestras palabras y en todo lo que pensamos. Por lo tanto procura ser siempre POSITIVO. 

Sé sordo cuando alguien te dice que tú no puedes realizar tus sueños… Piensa además que tu boca tiene poder: una palabra de aliento a alguien que está pasando un mal momento, puede reanimarlo y ayudarle a salir adelante… Una palabra destructiva puede ser lo único que se necesita para destruirlo… Seamos cuidadosos con lo que decimos. 


Extraído: Internet, http://www.vidaemocional.com

El paso del tiempo




Se encienden las luces de madrugada,
día tras día iluminan el camino. 
Escritos de cada página recordada,
guardados en un corazón de pergamino. 

Encontrando latidos sin olvidos,
encendiendo la habitación construida. 
Desafiando los silencios,
devorando las vivencias cada día. 

Dejando pasar la brisa de la tarde,
contando minutos del despertar de la esperanza. 
Con el abrigo de la sabiduría por estandarte,
cobijado en el refugio de la enseñanza. 

Vivir caminando el viaje determinado,
disfrutando de la dificultad ganada. 
Sabor dulce el sendero caminado,
alegre de la aventura comenzada. 


jueves, junio 15, 2017

¿Por qué gritamos?


Un día preguntó un sabio a sus amigos lo siguiente:
¿Por qué la gente se grita cuando están enojados? Los hombres pensaron
unos momentos:
Porque perdemos la calma – dijo uno – por eso gritamos.
– Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó el sabio.
¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.
Finalmente él explicó:
Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego el sabio preguntó:- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio continuó
Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.
Luego el sabio dijo:
Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

Extraído: Internet, https://sembrandocaminos.wordpress.com

Escritor en la trinchera


La calma en el descuento del libro eterno,
aire sereno de la tierra de los versos. 
La vigilia del encuentro con el viejo cuaderno,
sentimientos y momentos inmersos. 

El cielo sobre el telón del anhelo,
sumido en la sabana de las palabras inventadas. 
El prisionero sin imperio,
consuelo del saber las ideas cercadas. 

La sentencia de la tinta bajo dueño,
pincelando en el blanco los trazos. 
La lluvia que dibuja ese pequeño sueño,
escribiendo letras unidas a lazos. 

El tiempo a la merced de mi viento,
recogiendo la obra de mis ideas hospedadas. 
El escritor bohemio que a veces frecuento,
perdido en el bosque de las miradas escuchadas. 


sábado, junio 10, 2017

Momentos de vida


Voz callada esparcida por el suelo, 
remo de la sombra silenciosa. 
Anhelo del sol y su calor eterno,
punto de lectura en la montaña más hermosa. 

Sereno de la tierra de las mil puertas,
bajo la calma del cobijo que da el libro. 
Tiempo de luz en las ventanas,
anidando los sentimientos con equilibrio. 

Encuentro en el desierto sin dueño,
caminante del sendero del saber. 
Pintor del amor color de sueño,
donde la última página es el lienzo del comprender. 

Suspiro al encuentro del querer,
amante sin pretexto al encuentro. 
Paraguas a la tormenta del ayer,
y el faro de la razón de mi epicentro.